
Cada nuevo día trae sus alegrías y sus complicaciones. Nada grave, claro está. Este día comenzamos con la visita al
Foro Imperial. El Foro (Imperial o Romano) era el lugar donde se hacía la vida pública, donde se construían edificaciones que congregaban a la comunidad a discutir

sobre sus asuntos importantes: política, filosofía, vida. De eso hoy solo quedan ruinas, vestigios de lo grandioso de esa época. Luego de eso, caminamos sin rumbo por las calles de Roma, debido a que nuestro guía, Eduardo, se perdió y deambulamos casi en círculos. Perdimos un par de horas en eso. Ahí, luego de una pequeña discusión absurda, caminé solo y taimado, hasta llegar al Monumento a
Vittorio Emanuelle II, el primer rey de Italia. Debo reconocer que en ese minuto no quería perderme del resto, asi que mastiqué mi irritación un buen rato mientras los esperaba hasta que se me pasó.

Junto al monumento al Victor Manuel II está además el Monumento al Soldado Desconocido. Además nos encontramos con una exposición de maquinaria de guerra, uniformes y objetos relacionados. Y así seguimos caminando, sin rumbo aparente y después de un par de discusiones más civilizadas el grupo finalmente se separó entre los que querían conocer de cerca y por dentro el
Coliseo Romano y los que no: María José y yo estábamos dentro del primer grupo, el resto no quiso seguir con nosotros. Asi que armados de un mapa nos dirigimos a buscar ese patrimonio arquitectónico.

Pasamos primero por el
Circo di Massimo, lugar de entretenimiento y juegos en la época romana. Hoy es un parque de grandes dimensiones y conserva un par de construcciones de la época. Luego de comer un sandwich (otra vez!) en la
Vía Triumphalis, llegamos al
Coliseo Romano, al cual se puede entrar por 11€ (y te da derecho además a entrar a
Palatino). La construcción es magnífica, grandiosa. Con el paso del tiempo

queda poco ya de la infraestructura, la arena desapareció completamente y se pueden ver las conexiones subterráneas que tenían para uso de los gladiadores o para que el emperador pudiera entrar y salir sin ser alcanzado por la multitud. Me imagino la cantidad de gente que ha pasado por aqui durante miles de años ...

Luego de eso, pasamos por frente al
Arco di Constantino (frente al Coliseo Romano) y llegamos a
Palatino. El monte Palatino conserva el Palacio Imperial y al caminar por dentro de él se puede llegar al Foro Romano. El problema fue que mientras caminábamos por el parque, llovió incesantemente y

quedamos mojados como sopa. Con frío, pasamos por el
Foro Romano, en donde estaban los edificios públicos más importantes de la ciudad. Se conjugan columnas, arcos, puertas, templos. Impresionante tener tantos años de historia frente a uno. Si no hubiese sido por la lluvia, hubisemos seguido recorriendo, pero a riesgo de gripe, nos devolvimos al hotel.
(Coliseo Romano)
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