24/04/2006 Venezia (Parte II)
Segundo día en Venezia. Nos fuimos directamente en la mañana a la Piazza San Marco, para poder visitar la Basilica por dentro y asomarnos por su balcon a admirar la plaza por arriba. Un solo problema: yo. Lo que sucede es que andaba con shorts y polera sin mangas y en la entrada de la basilica había un tremendo letrero que prohibía la entrada a personas
en shorts y poleras sin mangas. En ese minuto Eduardo se acordó que efectivamente no dejaban entrar en esos harapos. Asi que me conseguí un suéter con Javier y me bajé los bermudas lo más abajo posible, como cantante de reggaeton a medio culo, para que casi parecieran pescadores. Pasó piola. Nadie lo notó y pude entrar y admirar la plaza desde las alturas.
Volvimos después de eso, a almorzar al mismo lugar que habíamos almorzado el día anterior y nos quedamos toda la tarde recorriendo la ciudad, los canales, las iglesias, las tiendas de souvenirs del Ponte de Rialto y otras cosas. Como no olvidar los vasos gigantes de fruta picada, las vitrinas llenas de máscaras carnavalescas y tétricas, las figuras de vidrio de
Murano, las góndolas y el funiculí, funiculá a viva voz. Venezia es una ciudad simple y alegre, que no tiene demasiados atractivos, porque ella en sí es un atractivo. Se puede pasar la tarde recorriendo, caminando, olvidándose del stress de Santiago, del taco y la bencina, del bocinazo aleve. Con nostalgia ya recogimos nuestras maletas del hotel y nos fuimos a la Stazione Ferroviaria a embarcarnos en nuestro tren hacia Roma.
El viaje a Roma tenía una particularidad. Compramos un pasaje de tren fuera de nuestro itinerario de Eurolines. El tren salía a las 23:00 horas y llegaba aproximadamente a las 6:00 AM a Roma. El carro, reservado especialmente, era estilo Harry Potter: un compartimiento justo para 6 personas, en el cual los asientos se pueden reclianar y transformar todo en una "gran cama". Lo impactante del asunto, es que hay mucha gente no reserva o no tiene lugar para este tipo de asientos y deben conformarse con sentarse en el pasillo. Otros simplemente, ladronzuelos y malandrines, recorren el tren durante la noche, esperan que te
duermas y te roban lo que pueden. A mi en un principio me dio algo de miedo, quería quedarme vigilando la puerta toda la noche, pero Eduardo me convenció de que no era tan peligroso. Así todo, en mitad de la noche cuando desperté, la puerta del compartimiento estaba abierta de par en par, seguro revisaron y afortunadamente no encontraron nada. Aparte de eso, dormimos un buen rato y despertamos en una nueva ciudad ...[Página 15] 25/04/2006 Roma >>>
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